La amabilidad

La frase de hoy es de Platón, filósofo griego seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles, que dice así…

Ser amable con todos los que encuentras es pelear una dura batalla

¿Tomando como referencia el trato que dispensas, mereces ser amado?

Es una dura batalla… muy dura… para mí una doble dura batalla.

La primera de las batallas es interior y no la ve nadie, aunque la llevamos puesta a todas partes. Para ser amables con los demás, debemos empezar a ser amables con nosotros mismos. Sólo así acabaremos siendo amables con los demás.

Cuanto mejor nos tratemos a nosotros mismos, tanta más consideración tendremos con los demás y tanto más llevadera nos haremos nuestra propia vida. Es una forma de darle un sentido “autoafectivo” a nuestra relación con nosotros mismos.

La segunda batalla es la que se ve, esa que emana de nuestros actos a pesar de los pesares o de lo que nos encontramos en el día a día.

En otras palabras, el esfuerzo continuado de, a pesar de desenvolvernos en la mayoría de los casos en entornos o contextos más o menos “ásperos”, ser capaces de seguir devolviendo la mejor de nuestras actitudes y trato hacia los demás.

Un trato bueno, no por “quedar bien” sino por ayudarnos a nosotros mismos a sobrellevar mejor cualquier situación. Es lo que yo llamo “Principio de Conservación”… que nada tiene que ver con llevar bolitas de alcanfor en los bolsillos.

Verdaderamente ser amable “con todos” es una dura batalla. Quedémonos con él “con todos”. Es fácil ser amable con quien lo es contigo; con quien te cae bien, con quien tienes interés en construir una buena relación, pero qué difícil es serlo con quienes no te tratan bien, con quienes no tienes química, con aquellos que no despiertan en ti simpatía, o con quienes ni te van ni te vienen.

Ser amable sólo con algunos, no es ser verdaderamente amable. Y ser amable por interés… aún menos.

Analizando ahora la idea de la batalla que puede suponer ser amable. Cuánto cuesta ser amable cuando estás cansado; cuando algo te ha contrariado; cuando tienes prisa; cuando te desvían de tu rumbo (de lo que estás haciendo o pensando).

El entorno no nos conduce a la amabilidad así que mejor que tomemos conciencia de su valor y tratemos de cultivarla proactivamente, porque es poco probable que nazca de forma espontánea.

Amable es aquel que por el trato que dispensa a los demás, merece ser amado.


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